RAÍZ

TALLER | Francisco Solórzano es un taller de arquitectura con sede en Irapuato, Guanajuato, México.
Arquitectura de, para y desde el Bajío.
Nací en el corazón del Bajío mexicano.
Crecí bajo bóvedas de ladrillo de Lagos de Moreno.
Entre pasillos de penumbra y pisos de mosaico rojo de Guanajuato.
Una luz que todavía recuerdo.
Una casa profundamente arraigada a su lugar.
Al exterior, un muro ciego, austero, libre de ornamentos.
Una fachada de cal apagada con una pequeña puerta de madera.
Una pequeña placa: 18 de agosto de 1973.
El día que Irapuato sufrió su peor inundación.
Y detrás de ella empezaba mi mundo.
Corredores de piso de barro natural de Abasolo.
Un enigmático zaguán con herrerías heredadas de Real de Catorce.
Tejados y sombra.
Al cruzar aquel primer umbral, se abría a un gran patio cordobés.
Cobijado por viguería de madera sonorense con teja michoacana.
El punto de poder.
Un patio austero con adoquines de San Luis de la Paz.
Azulejos de Dolores Hidalgo en zoclos.
Cantera gris de Valenciana en los remates del piso.
Una fuente de cantera verde de Marfil al centro.
Pasillos, tejados, patio con fuente.
La fórmula correcta.
Esquinas custodiadas por grandes macetas de barro de Silao.
Vanos de proporción vertical dos y medio a uno.
Abundante vegetación filtrando el exterior del interior.
Vegetación endémica, hojas y flores con olor a azahar.
Aun sin entenderlo, era imposible no sentirse conmovido dentro de esos espacios.
Había una honestidad evidente en la manera de trabajar los materiales.
Con las proporciones, el clima, la orientación y las formas.
Todo tenía intención.
Todo estaba ahí por algo.
Mi padre fue el autor de esa casa y tuvo en mi madre a su gran cómplice.
Ambos tenían claro lo que querían —y podían— hacer con la arquitectura.
Ahora reconozco el lugar al que pertenezco.
Nada de aquello estaba ahí por casualidad.
Quizá por eso hoy esa casa sigue hablándome.
De alguna manera, me exige.
Volver la mirada hacia la arquitectura del Bajío.
Esa emoción, que es muy difícil de explicar,
es la que hace que un espacio permanezca para siempre.
Creo que por eso estoy ahora aquí.