HORIZONTE

Lo que sigue también forma parte de lo que somos.

Después de veinticinco años de práctica, el horizonte ya no significa empezar de cero.

Significa continuar.

Seguir dibujando.
Seguir construyendo.
Seguir equivocándome.
Seguir encontrando nuevas maneras de trabajar con el lugar, con la materia y con las personas.

Los proyectos que aparecen aquí están en proceso.

Algunos están por comenzar obra.
Otros están todavía afinándose en el taller.
Otros han cambiado varias veces y seguramente volverán a hacerlo.

No los entiendo como promesas del futuro.

Son parte de la práctica de hoy.

North Van, en Vancouver, abre una nueva escala y otro contexto constructivo.
Los proyectos en Los Cabos obligan a volver a pensar clima, paisaje y materialidad desde otro territorio.
Otros trabajos en el Bajío continúan explorando aquello que ha acompañado al taller durante años: el espesor, la sombra, el patio, la piedra, la madera, la luz y la relación con lo que ya existe.

El horizonte no está necesariamente lejos.

A veces está en una obra que apenas empieza.
En un dibujo todavía incompleto.
En una conversación que modifica un proyecto.
En una decisión que todavía no sabemos que será importante.

Con el tiempo he dejado de pensar la arquitectura como una sucesión de obras terminadas.

La entiendo más como una continuidad.

Cada proyecto contiene algo de los anteriores y, al mismo tiempo, abre una pregunta para el siguiente.

No sé exactamente hacia dónde va a llevarme esa continuidad.

Y quizá ahí está lo interesante.

Seguir mirando.

Seguir haciendo.

Seguir dejando abierta la posibilidad de cambiar.

Tardé veinticinco años en entender que el Bajío era mi centro.

Tal vez el horizonte no consista en alejarse de ese centro, sino en descubrir hasta dónde puede llegar una manera propia de mirar.